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Archive for 30 junio 2009

Es harto conocido que los japoneses usan la venia para saludarse, disculparse, asentir y en general, mostrar respeto hacia las demás personas.  En este país hay libros sobre todas las reglas que se deben observar, según las circunstancias, para hacer la venia correctamente y de tal manera que se note una cortesía genuina.  En la televisión no es extraño que se discuta el tema, tanto en programas serios, como en los de comedia.

Los japoneses siempre dan por un hecho que los extranjeros (gaikokujin/gaijin, 外国人/外人) nunca lograrán dominar por completo todas las normas de cortesía de este país, una valoración con la que la mayoría de extranjeros que han residido aquí por largo tiempo están de acuerdo pues a los mismos japoneses les cuesta practicarlas a la perfección.  Sin embargo, se espera que los residentes que venimos de otros países aprendamos algunos de los más elementales rudimentos de la cortesía local, empezando por la venia.

En todas las tiendas, restaurantes, oficinas públicas es usual que los empleados saluden a cada visitante que se topan con una leve venia y la expresión “irasshaimase”, que significa más o menos “estamos ante la presencia de alguien importante/honorable”. En esos casos, el visitante no devuelve el gesto y simplemente se dedica a lo suyo. No obstante lo anterior, hace algunos días pude ver, mientras mataba un rato en el Edificio Sony en Ginza, un excesivo y cómico uso de la venia.

Un bien intencionado tipo que pudo haber sido un turista o alguien recién llegado, pero en todo caso alguien que prácticamente estaba recién salido del avión, por querer ser cortés, puso a un sinfín de japoneses a hacer calistenia. Cada vez que se topaba con un empleado y éste le saludaba, el despistado visitante devolvía la venia, con el agravante de que él se inclinaba más que ellos, por lo que obligadamente tenían que hacer una segunda venia con un mayor grado de inclinación para asegurarse de mostrar respeto y humildad hacia el cliente. En un local grande como el de Sony, son muchos los empleados que uno se topa conforme va caminando en cada piso y entre pisos, por lo que el visitante de este cuento avanzaba lentamente hacia lo que fuera que le interesaba ver. Y creo que en algún momento se dio cuenta de que los empleados estaban haciendo una venia más pronunciada, por lo que él también empezó a doblarse aún más y de manera más lenta, lo que me sirvió para comprobar que los japoneses en verdad son astutos en dar clases de gimnasia en las escuelas, pues llegó un momento en que los empleados tenían que doblarse casi como para besar el piso.

Vi que conforme el intrépido visitante avanzaba, estaba causando un rápido intercambio de miradas hasta cierto punto de angustia entre los empleados.  Tuve la intención de acercármele para explicarle que no tenía que hacer la venia ante los empleados, pero antes de alcanzarlo el hombre le dio por devolverle repetidamente la venia a dos empleados que se topó en las gradas.  Como los tres parecían esas muñecas que retoman su posición vertical cada vez que son inclinadas o volcadas, me di cuenta de que iba a estallar de risa si le hablaba, especialmente luego de que la muchacha, tan pronto como recuperó la posición vertical, rápidamente viró y gesticuló cortésmente (pero con cara de angustia) invitándolo a seguir hacia la siguiente exhibición de productos.  Cuando pasé al frente de ella, intercambiamos una leve sonrisa maliciosa y fingí que yo también iba a hacer le venia para verla abrir los ojos y poner cara de sorpresa, solo para volver a la sonrisa maliciosa y seguir mi camino.

A fin de cuentas, no le dije nada al tipo, pero en adelante me divertí observándolo cada vez que coincidimos en alguna sección del edificio.  Como era de esperar, fue inevitable que mientras caminaba por la tienda el hombre rozara el hombro de un cliente nipón, lo que causó que éste se disculpara con una leve venia, sin saber el pobre japonés que desencadenaría una competencia calisténica.

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